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18/5/15

Todos los poemas vienen a inventarme.

Mi mamá pintaba la pared con un trapo en el noventa y seis y sembraba la palabra terracota en mi lengua

Crecía un recuerdo.

Mi papá barría la sala y sembraba la palabra madre en mi laringe

Crecía una idea.

Otros 
aprendían a tragarse las palabras y a sacarlas por las manos.
Yo
comprendía que mis manos eran la extensión de mi voz
y cantaba
y salían quince nubes de mi boca
y celebraba el agua condensada con el baile.

Crecí hablando al mundo
creándolo con los labios
inventándolo con el sonido.
Cada vocablo 
un alumbramiento
un parto

He parido diez mil billones de palabras con mis cuerdas vocales enfermas 
                                                            diseccionadas
                                                            y vueltas a enfermar.

Soy el sueño invocante

Crece todo lo que sale en mi voz
las semillas de mi lengua.
Toco los sonidos o me convierto en ellos:

   Constétale -y estallo en úlceras de luz-
   Soléate -y ardo, ardo, ardo-
   Enviéntate -y me hago ligera-
   Cascádate -y me riego sobre las rocas sin morir-
   Apiédrate -y permanezco-
   Ceméntate -y me agrieto-.

Si me escuchan hablar asistirán a la creación del mundo.

Soy 
el sueño invocante:

todo lo que sale de mí, germina 

y parece que me sobrevive.

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