Páginas

16/9/15

Mi corazón es un animal sin nombre.

Entre mis ojos llevo una montaña inmensa llena de aves que fueron mis hermanas o madres o parientes de pistilo y que ahora se diluyen en los nombres que derramo sobre algunos objetos. Ahí el lenguaje o una soga anudada o una muralla de espejos.

En la montaña, la neblina. 

La neblina es la inmanencia. Pienso que soy el contorno suave de una nube caída. Además pienso que soy

un gallinazo glorioso y que a eso debo el creciente desinterés por mi vida húmeda. Entonces lvida escrita en la que no hace calor. AleluyaLa soga refresca.

Algo tiene de aviaria la idea solemne de mi alma derramada en el viento. He ahí la molesta ineludible escisión platónica del mundo, broma cósmica: Leo a Anne Carson y lloro tres litros de memoria. Me siento más ligera y devengo una pila de alas 

que no vuelan.